La gravedad del sufrimiento de nuestros pueblos nos demanda a alzar nuestra voz frente a los poderes


“Las ejecuciones extrajudiciales, sumarias y arbitrarias se dirigen cada vez más a personas defensoras de derechos humanos, referentes sociales y políticos progresistas, pueblos indígenas, afrodescendientes, mujeres y personas LGBTI. El racismo, la xenofobia, el odio a las personas empobrecidas, la homofobia y la misoginia están aumentando en todos los niveles".

En un contexto de fortalecimiento de los sectores políticos y grupos económicos intolerantes y conservadores nos reunimos con organizaciones miembro de #ACTAlianza para elaborar acciones a corto y mediano plazo en la región.

Declaración final de la Conferencia Global sobre América Latina y el Caribe

27 al 29 de marzo de 2018, Ciudad de Guatemala

Somos más de 50 representantes de 32 organizaciones de 21 países de América Latina y el Caribe, Norteamérica y a Europa convocadas por la Acción Conjunta de las Iglesias-ACT Alliance para discernir y discutir la compleja y volátil situación en América Latina y el Caribe, la intersección con los procesos políticos globales así como su implicación en los derechos humanos, la seguridad, la democracia, las necesidades humanitarias y el desarrollo sostenible.

ACT Alliance es una coalición internacional de iglesias y organizaciones basadas en la fe que trabajan juntas en la respuesta humanitaria, el trabajo de desarrollo y la incidencia. En conjunto, los miembros tienen una larga historia para promover la justicia social, los derechos humanos y el desarrollo sostenible. En la Asamblea General de ACT Alliance celebrada en Uppsala, Suecia a fines de 2018, los miembros de ACT de América Latina y el Caribe presentaron sus compromisos de actuar conjuntamente sobre las situaciones políticas, económicas, sociales y humanitarias cada vez más complejas.

Vemos que la región de América Latina y el Caribe enfrenta una creciente crisis con graves implicaciones humanitarias y reacciones violentas contra los #derechoshumanos y el estado de derecho. Desde junio de 2016, una ola de acontecimientos políticos negativos están afectando a países como #Venezuela, #Brasil, #Nicaragua, #Guatemala, #Honduras, #Colombia y #Haití. Estos se dan en un contexto de fortalecimiento de los sectores políticos y grupos económicos que promueven el conservadurismo, las políticas proteccionistas y la intolerancia contra migrantes.

A esta problemática se suman una invasión de industrias extractivas multinacionales y el impacto desigual del cambio climático. Estas compañías han tenido un acceso injusto a los bienes comunes, como la tierra y el agua, sin una protección ambiental adecuada ni una tributación justa. Sus efectos, sumado a un creciente uso de #agrotóxicos, son sentidos directamente por el medio ambiente y las comunidades indígenas y campesinas. El impacto desigual del #cambioclimático exacerba los procesos de pauperización y #migración de amplios sectores de nuestra población.

La #violenciapolítica se ha cobrado cientos de vidas. Las ejecuciones extrajudiciales, sumarias y arbitrarias se dirigen cada vez más a personas defensoras de derechos humanos, referentes sociales y políticos progresistas, pueblos indígenas, afrodescendientes, mujeres y personas LGBTI+. El racismo, la xenofobia, el odio a las personas empobrecidas, la homofobia y la misoginia están aumentando en todos los niveles.

Somos conscientes que parte de los conflictos y la violencia que vivimos en América Latina y el Caribe, como también en otras partes del mundo, se basan en el desarrollo de los fundamentalismos religiosos. No obstante, entendemos que no existe fundamentalismo religioso sin fundamentalismo político y económico que retroalimente las desigualdades, las injusticias e inequidades. De hecho, desde estos sectores se están elaborando políticas discriminatorias que amenazan los convenios y acuerdos globales alcanzados por la comunidad internacional.

Los miembros de ACT Alliance, las organizaciones ecuménicas y las Organizaciones Basadas en la Fe en América Latina y el Caribe estamos preocupados y nos vemos afectados por la reacción violenta contra los derechos humanos y el estado de derecho, la reducción del espacio para la sociedad civil, la disminución de la libertad de prensa, el aumento de la corrupción y la falta de transparencia en procesos políticos.

Los días de Cuaresma nos recuerdan que es un tiempo particular para dejarse transformar por la acción divina que renueva la vida. Hemos sido testigos del caminar de Dios en nuestro continente, de su Palabra que se alza proféticamente y nos transforma en esperanza. Reconocemos en las vidas y las voces de tantas mujeres y hombres las señales del Reino de Justicia, y en su muerte y legado un llamado para la acción por la dignidad. Aprendimos de las luchadoras indígenas como Berta Cáceres de Honduras, de las mujeres negras, como #MarielleFranco de Brasil, de #AlizonMosquera, uno de los cientos de defensores de derechos humanos asesinados en Colombia. Nos resuenan las voces de las miles de personas en la #CaravanadeMigrantes en Centroamérica, de los y las defensoras ambientales de la Comunidad de las #Granadillas y de las niñas víctimas del #HogarSeguro Virgen de la Asunción en Guatemala.

La acción de Dios nos disloca, nos salva, nos exige seguimiento y coraje para caminar junto a las luchas de nuestros pueblos en la construcción de sociedades democráticas, en la promoción de la justicia económica y socio ambiental, en la lucha por la justicia de género y la justicia para las poblaciones migrantes y desplazadas. La gravedad del sufrimiento de nuestros pueblos nos demanda a alzar nuestra voz frente a los poderes políticos y económicos causantes de la injusticia y la inequidad que afecta millones de vidas.

Estamos conscientes que la búsqueda por superar la pobreza, la injusticia y la violencia nos demanda tomar en cuenta la diversidad de problemáticas y de sujetos involucrados para construir soluciones con propuestas democráticas desde la solidaridad y el bien común.

Vemos en la voz y la acción pública de la juventud, la creatividad y potencialidad de una voz profética frente a la sociedad, los gobiernos y los espacios multilaterales. Hemos asumido el compromiso de aprender de ellos y ellas, de trabajar en conjunto, y de reforzar su participación e involucramiento en los procesos de toma de decisiones.

Reconocemos, desde nuestra vocación ecuménica e interreligiosa, que se hace necesario y urgente: Ampliar nuestras alianzas con distintas organizaciones basadas en fe y comunidades religiosas; Fortalecer los diálogos efectivos con organizaciones de derechos 3 humanos, movimientos sociales, incluso el sector privado y organismos gubernamentales y multilaterales, actuando de manera conjunta con provocación, reflexión y diálogo para caminar al ritmo de los rápidos cambios de la realidad, que dejan poco validos los paradigmas vigentes hasta hoy.

Agradecemos con especial consideración el acompañamiento de la Presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) Esmeralda Arosemena de Troitiño, de Luis Pedernera Reyna del Committee on the Rights of the Child, así como la presencia de representantes del sistema de Naciones Unidas en el análisis de los retos y las posibilidades de una mayor interacción frente a los desafíos que se presentan y proyectan en América Latina y el Caribe.

Asumimos el compromiso de:

  • Establecer una articulación regional y global que acompañe las crisis políticas y sociales en la región, con especial atención a las situaciones que se viven en los países de Venezuela, Brasil, Nicaragua, Guatemala, Honduras, Colombia y Haití.

  • Promover y apoyar la voz y las estrategias de las iglesias y organizaciones basadas en la fe ante el cierre de espacios de la sociedad civil, influenciando organismos regionales y globales.

  • Acompañar a las comunidades en sus procesos de acceso a la justicia en el nivel territorial, apoyando sus demandas y reclamos.

  • Fortalecer la acción conjunta con agencias y programas de Naciones Unidas para impulsar iniciativas regionales y globales de justicia de género y contra todas formas de violencia que transformen marcos legales y eliminen leyes discriminatorias.

  • Desafiar la impunidad, y la reducción del espacio de sociedad civil, y asegurar ciudadanas y ciudadanos, sujetos y sujetas de derechos, desenmascarando prácticas nocivas y corruptas.

  • Fortalecer los espacios internos de la Alianza como las comunidades de práctica de justicia de género y otros para generar visiones y acciones conjuntas en contra del fundamentalismo religioso y de la injusticia.

  • Velar para que los liderazgos en derechos humanos y de la naturaleza sean protegidos.

  • Visibilizar e influenciar en organismos oficiales para que funcione la institucionalidad contra la estigmatización, la falta de acceso y la falta de atención a defensores de derechos.

  • Generar evidencia de las violaciones a derechos para hacerla llegar a los organismos y gobiernos en instancias de derechos humanos, reforzando la interlocución con la CIDH, el Sistema de Naciones Unidas y los organismos nacionales e internacionales de justicia.

  • Facilitar la voz de la niñez y juventud, para que sean sujetos y sujetas plenos/as de derecho. La defensa de la niñez y juventud debe basarse en la realidad de inequidad y desigualdades donde este sector sirve de justificación y sigue sufriendo las consecuencias de la exclusión.

En este tiempo de Cuaresma y frente a la proximidad de la Pascua de la Resurrección tenemos la certeza desde nuestra fe, que la esperanza se revitaliza en el Jesús encarnado, a quien acudimos frente a toda desesperanza para renovar nuestra vocación de justicia y de amor. Jesús, “¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Evangelio de Juan 6:68).

Ciudad de Guatemala, 29 de marzo de 2019.