Emergencia Alimentaria: “Hay un abandono tan grande por parte del estado que la respuesta no puede s


Patricia Ramírez Salomón, coordinadora del Centro de Día Casa San Pablo, uno de los que acompañamos desde Fundación Hora de Obrar en el conurbano bonaerense, nos habla de la realidad que están viviendo niños y niñas en el barrio San Ambrosio del conurbano bonaerense.

Foto: srtakatikat

“Nosotros tenemos un montón de familias que están en situaciones muy complicadas. Los padres no tienen trabajo y solo algunas madres consiguen en limpieza. A los niños y niñas les faltan zapatillas y ropa de abrigo para ir a la escuela. Los comedores escolares no están funcionando hace más de un año desde la explosión de la garrafa en Moreno. Y si lo hacen, les dan un pedazo de pan y nada más”, relata Patricia coordinadora del proyecto barrial y comunitario de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata en zona oeste.

Según reveló el Observatorio de la Deuda Social de la UCA el 14,9% de pibes de entre 2 y 17 años, unos 1,6 millones, no realiza al menos una de las cuatro comidas diarias. De esta forma, la última alimentación del día es la que más suele ser salteada ya que el 7% no la ingiere. 37% de los pequeños y pequeñas, alrededor de 4,1 millones, recibió una alimentación con déficit de al menos un nutriente esencial en 2018.

Vivir en situación de pobreza también significa que las opciones para ganarse la vida se reducen: “La situación está muy violenta en la calle y dentro de la casa. Los pibes más grandes están vendiendo droga y se convierten en dealers de barrio. Traficar es el único ingreso que consiguen y el choreo es moneda corriente”, comparte Patricia y complejiza: “Nosotros apoyamos la declaración de la emergencia alimentaria. Los pibes no están comiendo. Pero hay un abandono tan grande por parte del estado que la respuesta no puede ser sólo la de los bolsones de comida.

La pobreza afecta más a las mujeres, sobre quienes recae la responsabilidad del sostén económico familiar además de las tareas de cuidado de los niños y adultos mayores: “Estamos viendo familias que deben interrumpir tratamientos de sus niños porque no pueden pagar el boleto para llegar al consultorio médico. Obviamente tampoco se está haciendo nada en prevención en salud sexual y reproductiva. Se interrumpió la entrega de preservativos y ni hablar de métodos anticonceptivos para adolescentes.”

La semana pasada la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE) adhirió al pedido de declaración de la Emergencia alimenticia y nutricional. El comunicado se motiva ante “la comprobación de la situación precaria que golpea a nuestro pueblo, especialmente a los sectores más postergados, niños, niñas y a nuestros ancianos” y alerta: “cada día crece el número de personas que se acercan a nuestras iglesias pidiendo ayuda alimenticia. En los casos de nuestras iglesias que sostienen comedores y merenderos, vemos la creciente cantidad de personas que solicitan nuestra ayuda, por un lado, y el encarecimiento y dificultad para obtener los recursos necesarios para su mantenimiento por el otro”. En este sentido FAIE concluyó la declaración recordando que “Jesús se identifica con los que padecen: ‘Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis’ (Mateo 25:35)”

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