Una huerta en casa ¿Por qué no?

En esto días visité a una abuelita, que vive sola en un caserón, la encontré trabajando en su huerta. Plantas de lechugas, algunos repollos y muchas aromáticas cuidadas con mucho esmero. Ella se encargaba de aflojar la tierra, de abonar y de regar, Lo que más me impresionó ella tiene 81 años.



Siempre me ha gustado hacer algo de huerta y de tener aromáticas en alguna maceta, pero esta experiencia me entusiasmó de hacer algo más.

No es difícil tener algunas plantas comestibles en un terreno pequeño, tan solo basta un metro cuadrado para tener alguna planta de Acelga, Lechuga o Escarola que podemos sembrar comprando las semillas en alguna veterinaria. O plantar algunas aromáticas como Perejil, Cibullet, Albaca que se ofrecen como plantines en las verdulerías.

Remover la tierra, agregar algo de abono y combatir con métodos naturales, algunas de las plagas que se acercan y atacan nuestra plantación, tampoco es gran ciencia. Tan solo es cuestión de preguntar a los abuelos o a algún técnico con experiencia en el rubro.

El INTA desde hace unos años viene desarrollando un interesante programa de promoción para huertas familiares (Prohuerta) entregando folletería e incluso semillas para los que se interesen en hacer alguna huerta. Solo es cuestión de acercarnos a alguna de sus oficinas o consultar en alguna de sus páginas.

Es cierto que para llegar a la auto sustentabilidad hace falta algo más que algunas plantas en el jardín, pero el hecho de disfrutar de algunas hojas de lechuga con rabanitos cosechados y preparados en una ensalada es un placer insuperable.

En las ciudades podemos probar de cultivar algunas plantas aromáticas en un balcón o en alguna pared en macetas, para lo cual hay lindas sugerencias en internet. Aportamos sabrosos gustos a nuestra comida y no dejamos que se pierdan esos saberes de los cuales nuestros abuelos dependían para vivir.

El hecho de tener una planta viva, poder cuidarla y alimentarnos sanamente nos hace sentir parte de la creación, este regalo tan hermoso que nos ha dado Dios y de la que somos parte.

© Waldemar Oscar von Hof