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Veintiocho jefas de familia privadas de la libertad o con familiares en contexto de encierro activaron diez microemprendimientos en la región metropolitana. Qué pasa cuando se recupera la libertad, la doble condena y el rol del Estado. La historia de las protagonistas.

Fundación Hora de Obrar entregó hornos, garrafas y utensilios de cocina para iniciar diez emprendimientos productivos. Además se realizaron talleres de formación laboral para gestionar los microemprendimientos en los domicilios para mejorar los ingresos de las familias y su calidad de vida.

El proyecto impactó de forma positiva en más de 28 familias de la región metropolitana de Buenos Aires durante el segundo semestre de 2021. Alcanzó de forma directa a ocho jefas de familia con arresto domiciliario y a dos grupos de diez mujeres, organizadas en la Rama de Liberados, Liberadas y Familiares del Movimiento de Trabajadores Excluidos.

En el segundo caso los equipamientos se instalaron en espacios comunitarios. Allí es posible ampliar su uso para la producción colectiva y que se realicen cursos de gastronomía, panadería y pastelería.

Durante el invierno de 2020 la Fundación Hora de Obrar había entregado calefactores y frazadas a 30 mujeres privadas de la libertad como una primera respuesta ante la crisis de COVID19. En ese contexto el MTE ya había revelado que las mujeres con prisión domiciliaria querían y necesitaban trabajar.

Las entregas se realizaron en el barrio de Bajo Flores de Capital Federal y en los municipios de Lanús, Lomas de Zamora, Quilmes, Merlo, Almirante Brown, Pilar y Vicente López. Esta iniciativa fue posible gracias al apoyo de la Federación Luterana Mundial.

“Hay compañeras con arresto domiciliario que no tienen para comer”

Nora Calandra es referente de la Rama Liberados, Liberadas y Familiares del Movimiento de Trabajadorxs Excluidxs (MTE), una organización de más de 600 personas presente en varias provincias argentinas. Ninguna de ellas reincidió. “No damos a basto porque somos personas organizadas por voluntad, por historia y por dolor. Falta el Estado.”

“Hay compañeras con arresto domiciliario que no tienen para comer. No tienen permiso para salir a trabajar o son violentadas en sus propios hogares. Es increíble que la posibilidad que tienen de seguir viviendo sea en la cárcel”, denuncia Calandra mientras el horno del salón comunitario se precalienta para hacer los bizcochuelos.

“No está bien que un narcotraficante vea la necesidad de esa mujer pobre, que vea que se está muriendo de hambre o que sus hijos están descalzos y que le diga ‘vení, esta es tu solución’. Hay un Estado que abandona antes, durante y abandona después de la cárcel.”

Nora Calandra. 2021. Foto Fundación Hora de Obrar.

La doble condena 

Nora recuperó la libertad hace cinco años y desde entonces acompaña a mujeres que están en situación de encierro o con familiares detenidos a construir proyectos de vida alternativos . Conoce en carne propia la mirada prejuiciosa: “Por qué no lo pensaste antes? Sos mujer, sos madre, ¿por qué ahora llorás por tus hijos? Las madres que tienen a sus hijos presos las juzgan como malas madres”.

Nora sabe que para una parte de la sociedad está bien el castigo y la venganza. “No ven que la pena, la condena, es la privación de la libertad ambulatoria pero no de los demás derechos. No es la privación del derecho a la educación o al trabajo. Y lo que pasa en la cárcel se extiende a la prisión domiciliaria”, explica.

Llovizna y comenzó a refrescar. Acomodada bajo el techo de chapa de un pasillo cuenta su historia para que más personas la conozcan. “Hay derechos y luchamos por ellos. ¿La historia se borra? ¿Puedo borrar que pasé seis años presa y que tuve a mi hijo en la cárcel? No lo puedo borrar. Lo enfrento. Tengo mis hijas y voy por ellas para que no se repita la historia. Es la única manera de que la cárcel no sea un círculo en la vida de las familias.”

Su relato fluye desde su historia personal a la organización colectiva y nunca abandona el reclamo al Estado. “Necesitamos políticas públicas reales. Necesitamos compromiso de la sociedad civil para que vea y que no juzgue. Para que quiera justicia y no venganza.”

Son trabajadoras

Ana* es jefa de hogar, madre soltera de cinco. El mayor está detenido y los más pequeños viven con ella en Villa Jardín, Lanús. Su arresto es bajo monitoreo electrónico, con pulsera. No puede moverse fuera del pequeño perímetro que es su hogar, salvo contadas excepciones autorizadas por el juzgado. No tiene permiso para salir a trabajar para sostener a su familia.

Ana se ocupa sola de sus responsabilidades, de las tareas domésticas, del cuidado de sus hijxs, de ayudarles en las tareas de la escuela, de jugar y estar presente para ellxs. Durante la semana se le hace cuesta arriba ocuparse de un emprendimiento dentro de su domicilio. 

Pero gracias a este proyecto, y al acompañamiento cotidiano de la Rama Liberados, Liberadas y Familiares del MTE, desde hace algunos meses durante los fines de semana, prepara pizzas y empanadas para vender entre los vecinos y vecinas del barrio.

Una revolución para el barrio

Sandra* no tenía espacio para poner el horno y la garrafa en la pieza donde vive con su hijo pequeño. Así que con los vecinos de Villa Sívori en Vicente López decidieron instalarlo en un espacio comunitario. 

Ahora son diez las mujeres del barrio que pueden usarlo en los talleres de pastelería que brinda una profesora voluntaria. “Aprenden algo nuevo, les gusta y están comprometidas y para mí eso es gratificante porque veo el entusiasmo”.

*Se modificaron los nombres para preservar la identidad de las mujeres.

Mateo 25:36, «Estuve en la cárcel y vinieron a verme.»

El director de la Fundación Hora de Obrar, Nicolás Rosenthal expresó que hay un mandato cristiano muy claro en relación a acompañar a las personas excluidas. «Jesús nos recuerda que todo lo que hagamos por sus hermanos y hermanas más pequeñas, también lo hacemos por él. Es en los ojos de las personas desfavorecidas, sin privilegios, que nos reencontramos con nuestro Señor. Él nos llama desde los márgenes de la sociedad». En este sentido destacó el compromiso como Iglesia de trabajar junto a las personas privadas de su libertad. «Como Iglesia somos llamados a velar por que las personas que cumplen una condena, tengan la posibilidad de rehacer sus vidas y reintegrarse a la sociedad. Jesús nos llama a reconstruir vidas y rehacer familias.»

Con activa participación del Pastor Peter Rochón, la parroquia Martínez de la CEABA recibe donaciones de ropa, útiles y otros elementos para las mujeres con arresto domiciliario.

Comunicarse a parroquia.martinez@ceaba.org.ar
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