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Un grupo de productores, productoras, estudiantes y profesionales del campo de la Congregación de Caaguazú de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata en Paraguay viajó a la Universidad Estatal del Oeste en Brasil para interiorizarse sobre agroecología. Hora de Obrar financió el viaje a través de la Pastoral de Promoción para el Cuidado de la Creación. Las reflexiones de Leonardo Calderón.
Foto: Leonardo Calderón

Visita a la Unioeste.

En la búsqueda de la libertad para los agricultores y la creación

Por Leonardo A. Calderon Rodriguez del Valle

Congregación Evangélica de Caaguazú, Iglesia Evangélica del Río de la Plata

Escepticismo, desconfianza y muchas dudas, eran algunas de las más fuertes sensaciones que se podían captar en el bus que nos llevaba a la Universidade Estadual do Oeste do Paraná, el día 2 de junio de 2022.

Un grupo de 28 personas conformado por agricultores, ganaderos, estudiantes de agronomía, agrónomos y productores del campo, partió desde el templo de Nueva Toledo de la Congregación Evangélica de Caaguazú de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP), en un viaje que nos llevaría a ver una propuesta nueva para todos nosotros, a lo que algunos bautizaron como “el santo grial de la agricultura”: campos de agricultura orgánica.

Lo innovador de la propuesta residía no sólo en lo orgánico, sino también en el producto que se cultivaba, soja, trigo y maíz. Puesto que lo orgánico (por lo menos en la zona), está más relacionado a la huerta y a pequeñas extensiones. Otro punto se dio en el desafío de realizar este tipo de cultivo orgánico, mediante la técnica de siembra directa y recreando las diferentes dificultades que suelen atravesar los agricultores tradicionales, tales como plagas, hongos, plantas nocivas, sequía, humedad etc. ¿Esto era posible? Muchos tenían -y aún mantienen- sus dudas, las cuales, en broma, fueron reflejadas en las aulas de la universidad a la hora de la presentación.

«Yo soy un productor orgánico», dijo uno de ellos: «Tengo una huerta, 10 filas de mandioca y casi 200 gallinas». Otro por su parte, se atrevió a lanzar abiertamente un desafío al profesor. Le pedía una solución orgánica al avance del monte sobre un cultivo de soja, el cual solo pudo ser salvado por el uso de agroquímicos o defensivos agrícolas y muchos otros productos. A su vez, muchos entendieron como una práctica más amigable el uso de productos agrícolas biológicos, sin embargo, también confesaron que su aplicación suele ser complicada por lo cual hay que reforzar con otros más tradicionales. Palabras y bromas como estas, solo son un reflejo de la gran dependencia que se ha creado sobre los agroquímicos, dentro de un sistema que está obsesionado por la producción, rápida, sencilla, barata y abundante.

De alguna forma esto es entendible, puesto que supone el sustento y vida de tantas familias que encontraron en este modelo, una forma de desarrollo que les permite crecer y avanzar en medio de una sociedad que busca la mejor calidad, a los precios más bajos posibles. Sin
importar el proceso, el trabajo o las dificultades que para esto se requiera. Cuando se lo ve así, desde el punto de vista del que arriesga todo su futuro y el de su familia en el campo, es bastante lógico que se prefiera un método que, aunque más agresivo para el medio ambiente, es mucho más confiable a la hora de obtener resultados.

Foto: Leonardo Calderón

Sin embargo, la dependencia a estos productos, en palabras de algunos de los propios agricultores, ha creado una esclavitud perpetua a ellos, “podemos cambiar de proveedor, de producto o de agrónomo, pero no se puede prescindir de los defensivos”, ya sean los tradicionales o los biológicos, que finalmente son proporcionados por el mismo fabricante, “estamos atados a ellos.”

Ante esto resuenan una vez más en medio de nosotros, así como entre los hombres y mujeres del campo, las palabras del apóstol Pablo a las iglesias de Galacia: “Cristo nos dio libertad para que seamos libres. Por lo tanto, manténganse ustedes firmes en esa libertad y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud.” Gálatas 5:1

¿Es posible encontrar la libertad a la que Cristo nos ha llamado, cuando se es dependiente y esclavo de las corporaciones que rigen y gobiernan sobre los campos? ¿De las cuales tanto se necesita, para garantizar la producción y con esto la vida y el sustento de nuestras familias? ¿Es posible, que la creación encuentre esta libertad, en medio del reclamo a la tierra de darnos la producción que nos pertenece? ¿Reclamo por el cual es tan golpeada por productos que le causan daño y por lo tanto también nos causan daño?

Puede que la propuesta de la Universidad de Entre Ríos do Oeste, no pueda darnos todas las soluciones a los grandes problemas de la agricultura tradicional. De hecho, según nuestros productores, sus métodos aún son difíciles, caros e inseguros. Pero también reconocen que es el inicio a un cambio en extremo necesario.

En la necesidad por tomar la libertad que Cristo nos ha otorgado, creo que es importante caminar juntos, tanto iglesia como productores, en una búsqueda por un camino que nos permita desarrollar la mayordomía otorgada por Dios al ser humano sobre su creación en el Génesis 1:28 y que a su vez la misma brinde el sustento prometido en el v. 29.

En este caminar conjunto, es necesario no volver a cometer los errores del pasado, sobre todo, en cuanto a colocar a los agricultores en la lista de enemigos de la creación y por lo tanto de la iglesia. Nuestros hermanos y hermanas productores del campo, por mucho tiempo se han sentido perseguidos y/o atacados, en cuanto a su forma de trabajo y el impacto que este tiene sobre la naturaleza. Sin embargo, las ideas propuestas para realizar cambios, no contemplaban sus necesidades y preocupaciones. Lo cual había creado una división entre la denuncia justa de la iglesia y la necesidad por el sostenimiento de la vida de los agricultores y sus familias.

«En este caminar conjunto, es necesario no volver a cometer los errores del pasado, sobre todo, en cuanto a colocar a los agricultores en la lista de enemigos de la creación y por lo tanto de la iglesia.«

Leonardo Calderón

Creo que la visita del 2 de junio a la Unioeste es el inicio de un camino largo, lleno de expectativas, en búsqueda de soluciones creativas e innovadoras que nos permitan producir granos de forma más amigable y responsables con la creación, una búsqueda por técnicas y métodos que permitan cortar con la dependencia a los agroquímicos y a todo el sistema que estos sostienen. Pero, sobre todo, un caminar conjunto en la libertad que Cristo nos da, para que seamos libres de verdad por medio de su evangelio. No estando sometidos al yugo de la dependencia a productos nocivos para la salud y la naturaleza, sino en la libertad de producir vida y sustento, de manera más responsable y segura para toda la creación.

Parece casi una utopía y en muchos puntos podría ser hasta contradictorio. Sin embargo, no es imposible, puesto que ya hemos dado el primer paso. Las soluciones aun no pueden ser aplicadas rápidamente, ni a gran escala, pero hemos podido ver un futuro en el que la agricultura y la libertad que Cristo nos da, consiguen caminar juntas. En el que el cuidado de la creación y el sustento de nuestras familias no son ideas opuestas.

En esto, pienso que las palabras de la epístola a los Romanos 8:19-21 tienen un gran significado y semejanza a nuestra experiencia, en el caminar a la esperanza de la libertad para los hijos de Dios y la creación.

“La creación espera con gran impaciencia el momento en que se manifieste claramente que somos hijos de Dios. Porque la creación perdió su verdadera finalidad, no por su propia voluntad, sino porque Dios así lo había dispuesto; pero le quedaba siempre la esperanza de ser
liberada de la esclavitud y la destrucción, para alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.”


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